Describir la desigualdad es fácil y complejo en su justa dimensión. Yo la describo como: construir escuelas sin mejorar el sistema educativo y/o contratar profesores, sin formación en nuevas metodologías de enseñanza y aprendizaje, suponiendo que la cantidad, por alguna razón, supera la calidad. Esa ha sido la política educativa por muchos años en Panamá.
La educación en un país en vías de desarrollo es imprescindible para acceder a una mejor calidad de vida y finiquitar el subdesarrollo, sin embargo, no es suficiente, porque el mercado laboral es exigente y excluyente para los jóvenes, incluso, cuando tienes preparación en habilidades como liderazgo e incidencia ciudadana.
Esta es una expresión más de la profunda brecha entre una verdadera educación de calidad y las competencias fundamentales para la vida que, incide directamente en la movilidad social de las personas y el acceso a las oportunidades. Para entender esto, solo basta analizar las experiencias de un emprendedor, un líder, un deportista, o un agente de cambio, todos coincidirán en que promover un cambio del estatus quo o simplemente cumplir sus sueños es una tarea imposible.
En las aulas panameñas, 3 de cada 10 estudiantes de primaria no domina la comprensión del español o matemática básica, y la mitad de ellos no han desarrollado competencias científicas dificultando el desarrollo del sentido común, pensamiento metodológico y crítico.
El Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos mide las competencias y rendimiento de los estudiantes de 15 años al final de su educación obligatoria en Matemáticas, Ciencia y Lectura. Su último estudio demostró las grandes falencias de nuestro sistema educativo ocupando la posición 71 de 77 países pertenecientes. Panamá anotó 110 puntos por debajo del promedio en Lectura, 136 por debajo en Matemáticas y 124 menos en Ciencias.
¿Cómo se explica eso? La desigualdad en Panamá es imperante. Somos el sexto país más desigual del mundo. El Estado Panameño no garantiza el acceso a la educación a toda la población, utiliza metodologías desfasadas, los profesores son mal pagados y no se ha realizado una reforma integral al sistema educativo desde su creación formal en 1946. Esto es importante porque no podemos hablar de educación para el cambio, cuando no podemos garantizar una educación de calidad, humana, inclusiva y relevante.
En ese contexto, resulta imperativo generar un debate nacional y regional sobre el estado de la calidad de la educación que, incorpore a los actores sociales, políticos y económicos para la generación de políticas de estado que impulsen una reforma integral educativa desde la primera infancia hasta la educación superior.
El precio de asumir la evolución de la enseñanza demanda la movilización de todos para lograr los objetivos propuestos. El futuro de la educación recae sobre políticas públicas educativas, proyectos y alianzas de organizaciones sin fines de lucro especializadas en temas educativos e iniciativas ciudadanas que consoliden y oxigenen toda la estructura antes mencionada.
La Red Latinoamericana por la Educación es un vivo ejemplo de esa cohesión, intercambio académico, técnico y tecnológico que brindan las iniciativas de la sociedad civil y que impulsan las acciones gubernamentales para garantizar educación de calidad a nivel regional.
En Panamá, pertenecí a Jóvenes Unidos por la Educación, una organización integrada por jóvenes líderes formados en incidencia social que busca el empoderamiento de la juventud. También brinda apoyo al Compromiso Nacional por la Educación, la máxima concertación nacional que involucra a todos los sectores que influyen directa e indirectamente en el servicio educativo, donde se abordan temas como calidad de la educación, equidad educativa, formación de educadores, gestión de la educación e inversión para la educación.
Para garantizar la eficacia de nuestras acciones se monitorea permanentemente al sector educativo y las pruebas nacionales, regionales, e internacionales; desarrolla laboratorios donde se potencia las habilidades y liderazgo de los jóvenes para desarrollar proyectos de incidencia social en sus comunidades, mantiene alianzas con empresas gubernamentales y privadas, y recibe retroalimentación de entidades educativas de Panamá y el exterior.
Lograr una educación actualizada a los nuevos tiempos es imperativo para desarrollar las habilidades blandas, dejar atrás la enseñanza unidireccional por una enseñanza andragógica a través de los principios de participación, horizontalidad y flexibilidad, adecuar e implementar el uso de nuevas tecnologías que sintetice y potencialice el intercambio enseñanza-aprendizaje, reformar los currículos educativos actualizándolos a los problemas sociales, políticos, culturales , económicos y ambientales del siglo XXI, dignificar la figura del docente y formar al docente en competencias que aborden la transversalidad de la función educativa iniciando por impulsar y potenciar las inteligencias múltiples.
En conclusión, un sistema educativo que no garantiza la felicidad y goce de su estudiantado es un fracaso, por esa razón, el reto de Latinoamérica es humanizar el servicio educativo para potenciar las nuevas generaciones.
Es una reelectura del término parisino homónimo que hace hincapié en el Panamá del Canal Francés durante los primeros años de la República, cuando hay lazos fuertes y directos con el Estado Francés en general, y la empresa de Lesseps, en particular.
Fue la designación parisina informal de Panamá, cuyo origen se erigió en la bonanza, progreso y oportunidad que representó la construcción del Canal, no obstante, resultó en la asociación cultural con el escándalo de corrupción que sucedió en el ocaso del magnánimo proyecto galo.
En esta coyuntura, frente a la oscuridad y miseria que acarrea el oportunismo, desigualdad y pobreza, surge una narrativa renovadora de jóvenes que lideran la incidencia social necesaria, para superar el subdesarrollo.
Tras el rotundo fracaso del primer canal, le corresponde inaugurarlo a otra visión, de la misma manera en que, se le puede dar la vuelta a una circunstancia estructural mediante políticas claras y sostenidas, inspiradas en el capital humano joven como instrumento de reforma y desarrollo sostenible e inclusivo
Kevin Quintero Loja, es estudiante de Derecho y Ciencias Políticas, y Artes Visuales de segundo año, en la Universidad de Panamá.