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Susana Lezcano

El Informe Delors:
25 años después

El Informe Delors: 25 años después

Según el Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, conocido también como el Informe Delors, se identifican cuatro pilares de la educación: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, y aprender a ser. Estos son principios aplicables no solo para la educación formal, sino para toda la vida.

 

Casi al inicio del documento se hace referencia a la necesidad de asignar “nuevos objetivos a la educación”, trascendiendo la idea de la utilidad de la educación en función de su utilidad transaccional y económica en favor de una “nueva concepción más amplia”. Es aquí donde me hago la pregunta: ¿en qué momento perdimos de vista los objetivos clásicos de la educación como para que hoy los consideremos como “nuevos”?

 

Para los pensadores antiguos hasta la era de La Ilustración, la educación era cómo nos entrenábamos, muchas veces de forma autodidacta, para entender y ser parte de nuestro entorno. El enfoque se encontraba en el pensamiento crítico, en el debate y el descubrimiento, y el conocimiento era riqueza por sí mismo. 

 

Dentro de sus reflexiones, el informe reconoce la prioridad transaccional que se le ha dado a la educación, limitando su importancia a la acumulación de habilidades útiles en la economía.

 

No podemos dejar de reconocer que aun en la época Antigua, la posibilidad de dedicar tiempo al estudio en lugar de a un oficio era un privilegio, por lo que este mea culpa es importante. Sin embargo, la propuesta del Informe Delors no es novedosa ni revolucionaria. 

 

Este informe, publicado hace ya más de 25 años, se da dentro de un contexto en el cual ya se detectaban severas falencias en los sistemas educativos de los países. 

 

Cuatro años después, con la Cumbre del Milenio, se establecen los Objetivos de Desarrollo del Milenio, como hoja de ruta para llevar la Declaración del Milenio a una realidad.

Jacques Delors

El ODM 2 era lograr la enseñanza primaria universal, más concretamente, asegurar que para el año 2021, los adultos de cualquier parte fuesen capaces de completar un ciclo completo de enseñanza, y compuesto por indicadores específicos: 


1. Tasa neta de matriculación en la enseñanza primaria; 


2. Proporción de alumnos que comienzan el primer grado y llegan al último grado de la enseñanza primaria; y 


3. Tasa de alfabetización de las personas de entre 15 y 24 años, mujeres y hombres.


Luego, con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, o la Agenda 2030, el ODS 4, Educación de Calidad, se define como “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos.” Es decir, el enfoque cambia de cobertura a calidad.


Ahora, la redacción del Informe Delors, así como los ODM y ODS subsiguientes, ocurrieron en un mundo donde no se preveía una pandemia como la que estamos viviendo desde el año 2020.


Como consecuencia, vivimos una realidad en la que ya no solo se trata de aumentar la cobertura de los servicios educativos, o de mejorar la calidad de los contenidos brindados, sino que nos enfrentamos a la necesidad de generar sistemas educativos resilientes, es decir, que tengan la capacidad de adaptarse y sobreponerse a situaciones adversas, contando con las herramientas adecuadas y la habilidad de activar planes de contingencia de forma rápida y eficiente para dar continuidad a los servicios educativos.


La conversación sobre la transformación del sistema educativo, se enfoca en el sector oficial debido al rol del Estado como garante de este derecho de forma universal y gratuita a nivel elemental, según el artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el cual también enmarca el derecho preferente de los padres a escoger el tipo de educación que recibirán sus hijos.


La disyuntiva no es escoger transformar o actualizar la educación, sino que tenemos que regresar a las bases y promover el pensamiento crítico, el debate y el método científico.

Aunque ese desarrollo de la resiliencia implica la capacitación de docentes y estudiantes en el uso de herramientas tecnológicas, no podemos pretender que estas habilidades compensen ni que reemplacen las habilidades de pensamiento crítico. Todo lo demás es cosmético.

Sobre la autora

Suzana
lezcano

Susana Lezcano es comunicadora social especialista en asuntos públicos y sostenibilidad. Es miembro del comité de selección del Programa Internacional de Becas Walton en Panamá. Actualmente cursa la especialización en docencia superior. Es miembro de la Fundación Libertad y de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa.