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Reporte

Deserción escolar en Honduras

REPORTE

Resumen Ejecutivo

La deserción es el abandono y alejamiento del sistema educativo ya sea prematuro o en la finalización de estudios. Honduras ha sido víctima de este fenómeno desde años anteriores, sin embargo, a partir de la pandemia de la COVID-19 en el año 2020 la deserción escolar aumentó de manera alarmante. Muchos factores impulsaron a los niños y jóvenes a desertar de sus estudios, generando un panorama incierto y desmotivante para los estudiantes. La comunidad garífuna de Bajamar se tuvo que enfrentar a estos retos que han sido ignorados por entes gubernamentales pero que están muy latentes en educación escolar de Bajamar.

 

La Fundación Eleutera ha generado una investigación como caso de estudio en el tema de la deserción escolar en Honduras y cómo esta fue en aumento principalmente ante la crisis de la Covid-19 en el año 2020. Una investigación de campo realizada en la comunidad de Bajamar, presenta el caso de la cual la comunidad enfrenta, una comunidad que ha vivido bajo las sombras de la indiferencia gubernamental y municipal, se harán notar en dicho reporte.

 

Nuestro objetivo como fundación es presentar la deficiencia en la educación a la que los alumnos tuvieron enfrentarse y a su vez presentar de manera abierta a la comunidad de Bajamar, de forma general, y a su vez la deficiencia que enfrentan en temas de educación y como es la misma comunidad y los mismos estudiantes que luchan por educarse y sacar a adelante su educación.

 

Fundación Eleutera, es el principal impulsor de la investigación a través de un equipo especializado en el tema, la licenciada Elena Toledo como coordinadora y supervisora de la investigación, el licenciado Roberto Funes como investigador en el tema de la deserción escolar y la licenciada Alexa Canales como investigadora del caso de estudio de la comunidad de Bajamar.

 

Como fundación creemos que la educación es una de las herramientas principales para desarrollar la capacidad intelectual, afectiva, física y moral de un individuo. Creemos que la educación es lo que hace que una nación se desarrolle; sin educación, las naciones abren paso a la ignorancia, pobreza, desmotivación, pereza y carencia de participación activa, lo cuales son los enemigos del desarrollo.

Para el año 2020 Honduras se enfrentó a una crisis sanitaria que clausuró muchas partes del sistema que sostienen a la nación, afectando así los principales factores como ser el económico, social, político, salud y la educación. La educación es el proceso que existe para facilitar el aprendizaje y adquirir el conocimiento.

 

Al existir educación, los demás factores antes mencionados son guiados por este factor tan importante. Sin embargo, existe otro fenómeno llamado deserción escolar el cual se define como la interrupción de los estudios creando una baja en la productividad, un descenso en el crecimiento de las economías, una fuga de cerebros y una desvinculación de los niños y jóvenes en la educación.

 

El presente reporte es un caso de estudio en el tema de la deserción escolar y una apertura al conocimiento de los retos que afectan el tema de la deserción, poniendo de ejemplo y como caso de investigación a la comunidad de Bajamar la cual se ha visto afectada por cada uno de los factores.

El panorama del sistema educativo hondureño, a inicios del año 2022 sigue siendo una incertidumbre, a vísperas de lo que según el calendario académico del sistema de educación del país, representaría el retorno a clases de los estudiantes del sector público, aún no se ha logrado desarrollar un plan estratégico concreto de cómo asegurar un retorno a la metodología de total presencialidad de los docentes y alumnado, a punto de cumplir 2 años de la suspensión de clases presenciales en el país por motivo de la emergencia sanitaria del Covid-19 en marzo del 2020.

 

Entendiendo el contexto de precariedad, en el cual se encontraba el sistema de educación de Honduras, previo a la pandemia del Covid-19 con una tasa escolaridad baja y dado a factores socioeconómicos propios del país como la inseguridad y pobreza, llevaban a que año a año fueron muchos los alumnos que desertaron del sistema educativo. Llegada la pandemia, el declive económico producido por la emergencia sanitaria, la falta de una organización debida del sector educativo nacional por parte de las autoridades, las limitantes de la población hondureña de poseer recursos para desarrollar clases virtuales, así como la ineficacia que ha representado para miles de niños la modalidad virtual, han sido factores que han inducido al desinterés y abandono masivo de niños y niñas del sistema escolar del país.

 

Según un informe realizado por el Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (FOSDEH), analizando la deserción escolar y el gasto público en Seguridad y Defensa, se detallan los antecedentes cuantitativos vinculados a la correlación del total de matrícula así como el porcentaje de deserción en el sistema educativo de Honduras, entre los años de 2015 al 2019.

Fuente: FOSDEH con datos de la Encuesta de Hogares para usos Múltiples del INE

 

Se entiende que el número de desertores que se presentó a lo largo del periodo de 2015-2019 en el sistema educativo, se encontraba dentro del rango de 11,564 desertores anuales, sin embargo, se debe de enfatizar más en el número de niños en edad a asistir a un centro educativo, que no se encuentran matriculados. En promedio, fueron 1,216,720 los niños que se encontraban en la edad debida para asistir a un centro educativo, que no se matricularon en el sistema de educación. Según García (2021), “entre otros factores, la deserción escolar se explica por la falta de incentivos que la población en edad escolar observa, sobre todo la dificultad para acceder a algunos centros educativos, métodos de enseñanza obsoletos, pagos adicionales”.

 

El siguiente gráfico, demuestra como para el año 2017 ningún departamento del país, logró completar un índice de deserción escolar por debajo de la meta establecida por la secretaría de educación.

 

Tomando en cuenta las diferentes problemáticas socioeconómicas y culturales las cuales son partes constantes de la sociedad hondureña, son estas mismas condiciones las que principalmente inciden en el desaliento de la niñez hondureña en continuar o ser parte del sistema educativo del país. Dentro de las principales motivantes de la niñez hondureña, en abandonar el sistema educativo, se encuentran razones económicas, inseguridad social, sistema deficiente y poco atractivo y en gran medida la migración. 

Factor económico

En cuanto al motivo económico detrás de la deserción escolar en Honduras, a pesar de considerar el hecho que, según los estatutos y leyes fundamentales de educación del país, se dicta que “la educación ofrecida en los establecimientos oficiales es gratuita, el estado garantiza su funcionamiento y queda prohibida cualquier exigencia de contribuciones económicas por parte de los docentes o autoridades educativas”, esto no suele cumplirse a cabalidad. Si bien es cierto que en el pasado existían programas en beneficio de asegurar la educación pública y gratuita para la niñez hondureña, tal y como el programa “Matrícula Gratis”, el cual proyectaba la distribución de materiales en apoyo a los diferentes centros educativos, que lastimosamente por la falta de proyección administrativa y el mal manejo de presupuesto fue cancelado en el año 2012. La falta de apoyo permanente y notorio de las administraciones han provocado la escasez y precariedad de recursos y condiciones de los centros educativos, lo cual obliga a que los padres de familia tengan que recurrir a financiar de sus propios bolsillos la compra de libros de texto. Asimismo, es sabido que los centros educativos realizan un cobro de “matrícula” simbólica para financiar el aseo, mantenimiento y seguridad del mismo, ya que el estado no ha logrado proporcionar esto de manera adecuada. Los altos niveles de pobreza en la que está sumergida el país, toma factor al entender que los padres de familia tendrían que estar haciendo una constante inversión para costear la educación de sus hijos, aun siendo un sistema público que en el papel asegura ser de forma gratuita, por lo que lleva a que mucha falta de capital monetario, deciden retirar a sus hijos de las aulas de clase.

Factor de inseguridad

Según el Estudio Mundial sobre el Homicidio, a la fecha Honduras se posiciona en el tercer lugar de los países con las tasas más altas de homicidio, con un total de 41.7 homicidios por cada 100,000 habitantes. Además, considerando el hecho que las dos principales urbes del país, tal es el caso del Distrito Central y San Pedro Sula, se ubican dentro de las 50 ciudades más peligrosas del mundo. Si bien es cierto que los indicadores de violencia en el país han disminuido en comparación a años anteriores, las cifras manejadas siguen siendo alarmantes. La gran injerencia y penetración que han logrado obtener las pandillas del crimen organizado en el país, ha puesto en peligro el bienestar de grupos vulnerables, tal es el caso de la niñez hondureña. Cientos de niños abandonan la educación al afiliarse a estos grupos delictivos, los cuales ven en los niños una presa fácil a la cual entrenar para la realización de sus actividades delictivas.

Factor de migración

Honduras ha desarrollado en su sociedad a lo largo de las últimas décadas, una dinámica de altos niveles de migración, entendiendo el contexto en el cual se encuentra el sistema hondureño, son miles los ciudadanos del país, que optan por salir de las fronteras nacionales en búsqueda de un mejor futuro el cual según sus percepciones, no podrán gozar dentro del país. Según registros del Observatorio de Migraciones de Fundación Eléutera, para el año 2021, al menos 750  hondureños que emigran del país de forma irregular. En una importante cantidad, son menores los que salen del país ya sea de forma acompañada y no acompañada. En el año 2021, según datos de la Comisión Mexicana para Ayuda del Refugiado (COMAR), fueron 10,523 los niños, niñas y adolescentes (NNA) hondureños que solicitaron la condición de asilo en el país mexicano. Asimismo, datos oficiales demuestran que fueron 12,122 NNA retornados en el 2021, ya sea que viajaron acompañados o no acompañados. Estos altos índices de migración irregular de menores se reflejan directamente en el declive de la matrícula y la deserción escolar de los menores en el sistema educativo del país.

La deserción escolar hace referencia al abandono al derecho a la educación que provoca que los niños y los jóvenes no tengan oportunidades amplias para seguir con sus estudios. Según el “Análisis de la deserción escolar y el Gasto Público en Seguridad y Defensa” publicado por FOSDEH, en el 2019 se registraron cifras alarmantes en el número de niños y jóvenes que abandonaron sus estudios debido al alto índice de inseguridad y pobreza. La crisis sanitaria del Covid- 19 agudizó la deserción escolar en el 2020, los pocos ingresos, el desempleo por la pandemia, el cierre de muchas escuelas y la falta de recursos tecnológicos provocó que un 40% (más de 500,000 estudiantes) abandonaran sus estudios.

 

Año

Número de estudiantes matriculados

Índice de desertores

Número de desertores

2020

1,876,824

5.6%

105,971

2021

1,292,871

40%

+500,000

               Fuente: Diario El Heraldo

 

Como se evidencia en la tabla anterior, la deserción escolar aumentó por encima del 300% entre los años 2020 y 2021 y el número de matrícula cayó en un 31.11%. Se debe tomar en cuenta que muchos niños no cuentan con conexión a internet o un dispositivo tecnológico para recibir clases. Además, muchos de los padres señalaron que sus hijos no estaban aprendiendo en la modalidad virtual por lo que preferían retirarlos de los centros escolares.

 

A lo largo de la pandemia, dentro de Fundación Eleutera se manejan cifras en las cuales se detectan que a diario son 1,200 los niños que abandonan el sistema educativo.

 

Estas cifras son alarmantes, y se debe tomar en consideración que, de la mano de la deserción escolar, aumenta el número de niños migrantes. En Honduras, 7 de cada 10 familias se encuentran en la línea de la pobreza, y muchas son obligadas a emigrar para mejorar su calidad de vida. Los niños no son la excepción a esta migración masiva, por lo que arriesgan su vida para dirigirse a la frontera de Estados Unidos.

Los factores que alientan la deserción escolar son todos los retos que está enfrentando la niñez hondureña. La Fundación Eleutera ha presentado investigaciones sobre la educación en el área rural y cómo estas han tomado medidas importantes para que la educación no se detenga, sin embargo, no todas las zonas en Honduras logran ese objetivo.

Caso de la comunidad garífuna de Bajamar, Puerto Cortés

La Fundación Eleutera, a través de un trabajo investigativo, se ha acercado a la comunidad garífuna de Bajamar en las costas de la ciudad de Puerto Cortés, del departamento de Cortés. Históricamente, la comunidad de Bajamar, así como sus comunidades aledañas, se han caracterizado por ser una zona que aporta mucho a la cultura hondureña, sin embargo, dicha comunidad representa la realidad, un claro ejemplo de la lucha y precariedad de cada uno de los factores mencionados anteriormente.

Datos Generales

La comunidad de Bajamar es un paraíso garífuna rodeado de arenosas playas, sol y mar.  Ubicada en Puerto Cortés, específicamente en la costa oeste del municipio. Sus principales fuentes de ingresos son las remesas, la pesca, el turismo, entre otros. En la actualidad no se tiene un dato específico de cuántas personas viven en la comunidad, sin embargo, este año están levantando un censo para saber cuántos habitantes existen, según Juan Reyes uno de los líderes de patronato de la comunidad.

Deserción escolar en Bajamar

La deserción escolar es una de las grandes problemáticas de la sociedad, ya que todo está ligado. Problemas económicos como falta de recursos materiales, problemas personales como  la desmotivación, problemas de aprendizaje, desinterés entre otros, los cuales afectan de manera psicológica y emocional a los alumnos.

Según un informe realizado por la Universidad de América Latina 2020, la deserción escolar afecta la participación en actividades cívicas, asistencia pública, hay menor contribución a la economía del país, la productividad disminuye, migración y esto a largo o corto plazo desarrolla delincuencia, desempleo, ansiedad, depresión e incluso consumos o ventas de sustancias ilícitas. Esta problemática es lo que la comunidad garífuna de Bajamar enfrentó.

En una serie de entrevistas realizadas a Juan Reyes, presidente del patronato de la comunidad se tocaron cada uno de estos factores en tema de migración y educación. A su vez se entrevistó a un grupo de madres de familia las cuales luchan por el bienestar de su comunidad y la organización que fundaron llamada “Mujeres Guerreras”. Estudiantes del Instituto Francisco Morazán también aportaron a la investigación.

Información general de educación en Bajamar

Bajamar cuenta con un Instituto llamado Francisco Morazán el cual es escuela por la mañana, desde primer grado hasta sexto grado y colegio en la tarde desde séptimo grado hasta undécimo grado, a su vez cuentan con un kínder separado del Instituto y en la actualidad están por habilitar otro kínder en un edificio donde antes era un taller de costura.

El Instituto Francisco Morazán cuenta con cinco profesores, un profesor local de la comunidad Bajamar, el segundo profesor viaja desde Travesía (comunidad cercana de Bajamar) y el resto se traslada desde Puerto Cortes.

Para el año 2022 el Instituto Francisco Morazán sufría un abandono en el sistema educativo, reto que enfrentaron, ya que para inicios de clases solo se registraron un aproximado de 40 estudiantes matriculados. El inicio de clases fue el día lunes 14 de febrero del 2022, en el cual los padres de familia, juntos con los maestros se reunieron en el instituto para una sesión de emergencia, generando ideas luchar contra la deserción escolar, enfrentados al reto de cómo motivar a los estudiantes de la comunidad y comunidades cercanas.

La crisis que se presentaba era una alerta, sin embargo, los esfuerzos realizados surtieron efecto. En la medida que pasaba el mes de febrero más estudiantes se fueron matriculando. Bajamar por ser el único Instituto que cuenta con secundaria, jóvenes de comunidades cercanas se matricularon de igual forma. En la actualidad son más de 250 estudiantes matriculados y se espera que en periodos escolares futuros los estudiantes se motiven a seguir con su educación.

 

Factor económico

La mayoría de ingresos de la comunidad de Bajamar en la actualidad proviene de remesas, según comentó Juan Reyes miembro del patronato de la comunidad. Sin embargo, no siempre fue así. Bajamar en tiempos pasados no se sostenía de remesas solamente. La pesca, el turismo, los emprendimientos, restaurantes y agricultura sostenía la economía de la comunidad, pero esto cambió debido a la inflación, Covid-19, ETA e IOTA y que en la comunidad no existen fuentes de empleo, más que lo que ellos generan con negocios propios.

Nelly Martínez miembro activa de la comunidad de Bajamar comentaba que su esposo se dedicaba a la pesca y la agricultura, sin embargo, la contaminación, la inseguridad entre otros factores orillaron a su esposo a no ejercer más dicho oficio y no solo a él, sino a todas las personas que se dedicaban a lo mismo. “La remesa es la que nos hace sobrevivir, solo de remesas se vive en la actualidad, no existe fuente de empleo.” –Juan Reyes

Efecto de economía en la educación

A pesar de ser instituciones públicas, casi nunca se cuenta con el apoyo del gobierno municipal y presidencial. Debido al poco ingreso que entra a la comunidad de Bajamar, los padres de familia muy difícilmente tienen acceso a comprar los útiles escolares, uniformes, zapatos e incluso darle dinero diario a sus hijos para que se alimenten, ya que tienen otras responsabilidades que cubrir.

Los estudiantes del Instituto Francisco Morazán no tienen acceso a libros básicos como  los libros de matemáticas, español y ciencias sociales. Los estudiantes tienen que solicitar libros prestados a sus maestros para poder llevarlos a casa y así trabajar en sus asignaciones. Algunos padres y madres no tienen facilidad económica para adquirir estas herramientas de estudios, internet e incluso la señal falla.

La hechura de los uniformes estaba costando aproximadamente L.500.00 por los niños de kínder, sin contar los zapatos y calcetines, lo que es preocupante ya que para los estudiantes de colegio sería más alto el costo y los padres no tienen la capacidad económica para adquirirlo, según comentaba Hilda Bonilla miembro de la organización Mujeres Guerreras.

Adquisición de útiles escolares por los estudiantes

Adquirir útiles escolares en la comunidad es otro reto. No existen librerías o bibliotecas donde los estudiantes puedan comprar o utilizar para su desarrollo escolar. Los padres y madres tienen que salir de la comunidad hacia Puerto Cortes a buscar los útiles escolares. Los que tengan la capacidad de adquirirlos, los compran, pero la mayoría no tiene dicha capacidad debido a los otros gastos en el hogar. Al inicio de clases a los estudiantes, se les entrega un paquete de útiles escolares básicos, los cuales son donados por miembros de la comunidad que emigraron hacia México o Estados Unidos.

No existe un apoyo económico de parte de los entes gubernamentales en temas como la infraestructura de los institutos, útiles escolares y libros. La organización de Mujeres Guerreras, es un grupo que nació al ver las necesidades de su comunidad, sobre todo el tema de educación. Este grupo de mujeres hacen ventas de comida y otras actividades para generar ingreso, donarlo al instituto y se utiliza para cualquier tipo de daño de infraestructura que exista o cualquier necesidad escolar que surja.

Es preciso mencionar que a pesar que son pocos los centros educativos que existen en Bajamar, los huracanes de ETA e IOTA dañaron parte de la infraestructura y esta organización a veces no se da a vasto económicamente debido a que no generan ingreso excesivo para cubrir los daños. La organización Mujeres Guerreras nace voluntariamente por un grupo de mujeres que según comentaron:” están cansadas de lo mismo y de las mentiras de los políticos.” Y es la misma comunidad que con sus pocos ingresos luchan para que los niños se eduquen y no estén en las calles.

Factor de inseguridad

Bajamar ha sufrido de mala imagen en temas de seguridad y esto ha afectado el turismo. Según Juan Reyes la comunidad de Bajamar es tranquila, por ser una comunidad pequeña donde los pobladores suelen conocerse. Sin embargo, en la actualidad han estado enfrentando retos de inseguridad debido a que existen comunidades cercanas o grupo criminales de otras comunidades de Honduras que se aprovechan de la indiferencia que existe por parte de la policía nacional o entes gubernamentales y entran a la comunidad a generar desastres de inseguridad, dañando así la imagen de la comunidad. “Bajamar es pequeño, aquí todo el mundo se conoce, todos sabemos quién es quién.” Comenta Ferraira Colon miembro activa de la organización Mujeres Guerreras.

Según la información brindada por miembros de la organización Mujeres Guerreras, los niños se desmotivaron en tema de la educación por todo lo que pasó en el año 2020 y fueron pocos los que regresaron a educarse debido a que grupos criminales que entran a la comunidad están vinculados en cosas ilícitas como la venta de drogas, homicidios y robos. Estos grupos se han enfocado en tomar la inocencia de estos menores y los utilizan como comodín y a cambio de ello les dan dinero, motivándolos a seguir y enseñándoles prácticas de dinero fácil.

Esta problemática también ha generado que muchos padres prefieran que sus hijos reciban clases lejos de la comunidad, los mandan hasta Puerto Cortés para evitar que estos grupos se aprovechen de sus hijos. Las estudiantes del Instituto Francisco Morazán comentaron que algunos de estos personajes se infiltran en las instituciones para molestar a los estudiantes e incluso han llevado armas para amenazarlos. Por muy fuerte que sea esta realidad, las personas de la misma comunidad han interferido para evitar violaciones a estudiantes adolescentes por dichos individuos dentro del instituto.

La organización de Mujeres Guerreras comentó que debido a todo ese conflicto se volvió a implementar el tema de los uniformes en este año 2022. En años anteriores a los estudiantes se les permitía asistir con ropa normal para que no gastaran en uniformes, pero esto llevó a que personas de grupos criminales se infiltraran con los estudiantes.

La preocupación de la organización era que no se habían logrado hacer todos los uniformes debido a que muchos padres de familia no podían costearlo, mencionaron que está  la idea de adquirir un guardia de seguridad para velar por la vida y el bienestar de los estudiantes dentro de las escuelas, en la actualidad este proyecto no se ha ejecutado aún. Otra problemática a la que se enfrentan algunos estudiantes es que para algunos los centros educativos les quedan retirados y se viene caminando, lo cual es peligroso por ser una zona donde transitan buses, carros y muchas motocicletas.

Factor de migración

La migración en la comunidad de Bajamar ha sido un tema de años, sin embargo, a medida que ha pasado el tiempo fue incrementando. Desde el 2019 al 2021 fue el lapso de tiempo donde más emigran, pero se comenta que el año 2020 fue donde más salieron las personas huyendo de sus realidades. “Las personas que han emigrado desde Bajamar llegan con éxito, la mayoría de la comunidad se queda en México.”- Juan Reyes

De sus tantos problemas, los cuales ellos día a día ocultan con sus cálidos recibimiento y sonrisas, son las realidades a la que se enfrentan. Las personas que han migrado desde Bajamar no salen en caravanas migrantes y no utilizan coyotes, sino que entre ellos arman grupos de seis personas, incluyendo menores y se van  cruzando la frontera. Aproximadamente de 3 a 4 días salían los grupos en el año 2020.

Algunos se quedan en México y otros solo paran a trabajar para seguir generando ingresos e ir tras el “sueño americano”. Sin embargo, los migrantes garífunas de Bajamar regresan para las ferias patronales, pero no regresan a la comunidad a vivir porque no existen oportunidades de crecimiento. Padres y madres emigran con sus hijos e hijas y se comenta que: “Usan los niños de pasaporte, consiguen más dinero con los niños y se aprovechan de eso” –Juan Reyes.

Para el año 2020 había 350 alumnos y quedaron 150. Han emigrado desde antes de la pandemia y se han llevado a los niños. Para ese mismo año las clases eran presenciales y a distancia, los estudiantes iban de dos a tres veces por semana.

A principios del año 2022 no había migrado ningún otro miembro de la comunidad, sin embargo, en la actualidad algunos poco a poco han emigrado, pero no como años anteriores. Hombres y mujeres entre 19-25 años son los que emigran, los adultos se quedan. En Bajamar no se emigra para otras ciudades de Honduras, cuando se emigra es siempre con el objetivo de llegar a Estados Unidos.

Según miembros de la comunidad, la solución para que las personas se queden en Bajamar sería el empleo. El 100% de las personas que emigran se van por falta de empleo. Existe la incertidumbre si los niños que migran tienen acceso a la educación en otros países. La comunidad está marginada y los niños que son el futuro son los que pagan, frustrándose un derecho humano tan necesario para enfrentar la vida.

La deserción escolar es el abandono de un derecho que ha generado que niños y jóvenes no tengan las oportunidades para seguir educándose. La falta de voluntad gubernamental es la que ha desencadenado la deserción escolar. Ningún estudiante debe de estar preocupado por no tener libros para educarse, útiles escolares, alimentos, daños en la infraestructura o no sentirse seguro dentro de los centros educativos como lo hacen los estudiantes de la comunidad de Bajamar que a pesar de ello siguen luchando por desarrollarse y educarse.

Sin lugar a dudas, la calidad del sistema educativo hondureño, ha quedado a deber en muchos sentidos a la niñez del país. El factor de las malas administraciones de los fondos y recursos públicos para fortalecer el sistema por parte de autoridades, ha desencadenado en problemáticas puntuales, que obstaculizan la eficacia de la enseñanza en un nivel óptimo en el país. Barreras como la precariedad de las condiciones de las infraestructuras de los centros educativos, falta de apoyo y abandono al sector docente, la escasez de materiales didácticos, así como contenidos y útiles escolares que complementan las materias que cursan los niños, se juntan con los problemas socioculturales y económicos que ya el país se ha visto sumergido desde años atrás.

Este contexto en el cual se mantiene la educación pública de Honduras, provoca que en los últimos años seamos testigos de cifras exorbitantes de abandono escolar, así como de falta de matrícula de miles de niños que se encuentran en las edades para ingresar al sistema educativo. La llegada de la emergencia sanitaria de la pandemia del Covid-19, agravó la situación educativa, creando incertidumbre y disminuyendo aún más la calidad de enseñanza de aquellos que son llamados a ser el futuro del país.

Más allá de los datos y lo que estos nos puedan demostrar, a partir de las entrevistas, investigación y datos recabados se logró entender que la deserción escolar es una realidad que están enfrentando las escuelas de Honduras. Factores económicos, de seguridad y migración son los que encierran los conflictos que generan desmotivación en la educación.

En el caso de estudio del presente reporte, la comunidad de Bajamar es solamente una de las tantas comunidades de Honduras que se encuentra en conflicto por estos tres factores. Si la educación la cual es un derecho humano no es tomada como prioridad, esto se llevará el futuro de Honduras, porque no existirá una participación en actividades, existirá menor contribución a la economía del país, la productividad disminuye y la migración seguirá aumentando. Esto desarrollará desempleo, delincuencia, analfabetismo entre otros conflictos los cuales son perjudiciales para el futuro de una nación.

Es momento que las autoridades planteen soluciones concretas, no cambios cosméticos que solo actúan como un parche que solucione para hoy, pero que provoque incertidumbre y desaliento en el futuro.